Una historia de dos comienzos
— por Mario Crescibene
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la época de la fe y la época de la incredulidad; la era de los jonrones incontables y la era de la ausencia de jonrones; la primavera de la esperanza y el verano del béisbol – en una palabra, es decir, mientras el mundo estaba desgarrado por dualidades enfrentadas, el pasatiempo estadounidense se jugaba una vez más en Cleveland.
La dualidad de nuestro tiempo no podía encontrar mejor manifestación que en el contraste entre
los inicios del jugador de los Cleveland Guardians, Chase DeLauter. Pues fue él quien, en su primera acción en las Grandes Ligas, dejó caer una pelota de fly durante los playoffs. El pobre hombre quedó en blanco en aquel primer inicio de su carrera. Y fue él quien apenas consiguió un hit en 6 turnos durante esa misma serie de playoffs. Y, sin embargo, fue también él quien comenzó la actual campaña con 5 jonrones en 26 turnos al bate. Y fue él quien fue nombrado Jugador de la Semana de la Liga Americana al inicio de la temporada.
El error de Chase DeLauter pertenecía al pasado, y el futuro se extendía ante él en el año de Nuestro Señor dos mil veintiséis.
*
Chase DeLauter tomó su bate y se dirigió desde el círculo de espera hasta el cajón del bateador. Decían de él, aquel día, sobre el estadio, que era el rostro del hombre más determinado que jamás se hubiera visto allí. Muchos en las gradas añadían que parecía sublime y profético. Si él hubiera dado alguna expresión a sus pensamientos aquel día, y estos hubieran sido proféticos, habrían sido estos:
“Veo la ciudad ante mí, viva de expectativa y de ecos de setenta y ocho años de sufrimiento. Veo las calles que conducen al estadio bordeadas de banderas de los Guardians ondeando en los postes de luz, el aroma de los hotdogs de Nathan y del césped recién cortado flotando en la brisa del lago Erie. Veo Progressive Field, elevándose en la esquina de Carnegie y Ontario como una catedral de verano, sus asientos azules calentados por el sol, esperando el despliegue de momentos que serán recordados mucho después de que Tom Hamilton anuncie el último out.”
“Veo el marcador con el horizonte de Cleveland detrás mientras camino hacia el plato. Veo mi foto aparecer en la pantalla que ahora lleva mi nombre. Veo a mis compañeros de equipo, con las manos firmemente envueltas en sus bates, los ojos siguiendo la trayectoria de cada pelota. Veo a los entrenadores a lo largo del banco, sus voces recorriendo la cueva del equipo, recordatorios de swings que fallaron y lanzamientos que quedaron sobre el plato.”
“Veo a los aficionados inclinados hacia adelante en sus asientos mientras camino al plato, manos aferradas a dedos de espuma y bebidas frías. Veo al joven fanático en las gradas, con mi número 24, los ojos abiertos de asombro. Veo a los aficionados mayores, asintiendo con silenciosa satisfacción mientras anotan notas en sus libretas de puntuación. Veo al árbitro limpiar meticulosamente el plato de la misma manera que lo ha hecho innumerables veces antes. Veo al receptor devolviendo la pelota al lanzador, sus ojos encontrándose en una estrategia silenciosa para el turno al bate que viene. Veo la historia registrada de temporadas pasadas de Cleveland grabada en la tierra mientras entro al cajón del bateador.”
“Es un inicio mucho, mucho mejor del que jamás he tenido; es una victoria mucho, mucho mejor a la que me dirijo de lo que jamás había conocido.”
¡BATTER UP!









