El escritorio de los dulces es una tradición única en el Senado de los Estados Unidos, donde un senador republicano mantiene un cajón lleno de dulces para sus colegas. Esta costumbre, que comenzó en 1965, ha perdurado a lo largo de los años, convirtiéndose en un símbolo de camaradería y buen humor dentro del Senado.
Orígenes de la tradición
La tradición del escritorio de los dulces comenzó con el senador George Murphy de California, quien tenía un gusto particular por los dulces. En 1965, Murphy comenzó a guardar dulces en su escritorio, ofreciendo a sus colegas la oportunidad de disfrutar de un pequeño refrigerio durante las sesiones del Senado.
A pesar de que estaba prohibido comer en el recinto del Senado, la costumbre se mantuvo y otros senadores republicanos continuaron
con la tradición. La existencia del escritorio de los dulces no se hizo pública hasta mediados de la década de 1980, cuando el senador Slade Gorton reveló la tradición al anunciar que ocuparía el escritorio.
Evolución y continuidad
Desde su inicio, el escritorio de los dulces ha sido mantenido por varios senadores, cada uno aportando su toque personal. Algunos senadores han abastecido el escritorio con dulces de sus estados natales, como Rick Santorum, quien lo llenaba con productos de Hershey y Just Born de Pensilvania.
La tradición ha continuado a lo largo de los años, con senadores como Pat Toomey y Todd Young manteniendo el escritorio abastecido con dulces locales. Esta costumbre no solo ofrece un momento de relajación para los senadores, sino que también promueve la industria local de confitería.
Impacto cultural y simbólico
El escritorio de los dulces ha adquirido un significado cultural dentro del Senado, simbolizando la camaradería y el espíritu de cooperación entre los senadores. Durante momentos de tensión política, como el juicio político de Donald Trump en 2020, el escritorio de los dulces ha ofrecido un pequeño respiro, recordando a los senadores la importancia de mantener un ambiente de trabajo positivo.
La tradición del escritorio de los dulces es un ejemplo de cómo pequeñas costumbres pueden tener un impacto significativo en la cultura de una institución. A medida que el Senado continúa enfrentando desafíos políticos, el escritorio de los dulces sigue siendo un símbolo de unidad y buen humor entre sus miembros.















