El sistema inmunitario innato está compuesto por diversas células que actúan como guardianes del cuerpo, protegiéndolo de infecciones y patógenos. Estas células son capaces de moverse libremente e interactuar con restos celulares, partículas extrañas o microorganismos invasores, desempeñando un papel crucial en la defensa del organismo.
Fagocitos: los devoradores de patógenos
Los fagocitos son células inmunitarias que literalmente devoran patógenos o partículas. Para fagocitar un patógeno, un fagocito extiende porciones de su membrana celular alrededor del objeto a fagocitar, disponiéndolo dentro de la célula. Una vez dentro, el patógeno es contenido dentro de un endosoma que se fusiona con un lisosoma, donde es destruido por enzimas y ácidos.
Los macrófagos son los fagocitos más eficientes,
capaces de fagocitar grandes cantidades de bacterias. Estas células también producen quimioquinas que atraen otras células inmunitarias al sitio de la infección. Los neutrófilos, por otro lado, son los tipos celulares fagocíticos más abundantes y son las primeras células en llegar al sitio de una infección.
Células asesinas naturales y dendríticas
Las células asesinas naturales, o células NK, son un componente importante de la respuesta inmunitaria innata. Estas células atacan las células del huésped que han sido infectadas por microbios, destruyendo células tumorales y células infectadas por virus mediante un proceso conocido como "auto-desaparición".
Las células dendríticas, presentes en tejidos en contacto con el medio externo, son cruciales en la presentación de antígenos y sirven como enlace entre los sistemas inmunitario innato y adaptativo. Estas células son capaces de identificar patógenos y activar la respuesta inmunitaria adaptativa, facilitando la eliminación de infecciones.
Basófilos y eosinófilos: defensa contra parásitos
Los basófilos y eosinófilos son células relacionadas con los neutrófilos y desempeñan un papel importante en la defensa contra parásitos. Los basófilos liberan histamina al encontrarse con un patógeno, siendo importantes en las reacciones alérgicas como el asma.
Los eosinófilos, por su parte, secretan proteínas altamente tóxicas y radicales libres que son efectivos en la muerte de bacterias y parásitos. Sin embargo, estas toxinas también pueden causar daño tisular durante las reacciones alérgicas, por lo que su activación está minuciosamente regulada para prevenir daños innecesarios.
















