La empanada de atún, conocida también como empanada de bonito, es un plato que no solo deleita el paladar, sino que también cuenta una historia de influencias culturales y tradiciones culinarias. Su conexión con la cocina sefardí es un aspecto fascinante que revela cómo las culturas pueden influenciarse mutuamente a través de la gastronomía.
Influencia sefardí en la cocina española
La cocina sefardí, que se desarrolló entre los judíos de la península ibérica antes de su expulsión en 1492, ha dejado una huella indeleble en la gastronomía española. La empanada de atún es un ejemplo de esta influencia, ya que su elaboración tradicional con masa de hojaldre y relleno de atún se remonta a las prácticas culinarias sefardíes.
Durante el periodo medieval, las empanadas eran conocidas como "tapadas
de atún" y formaban parte de la dieta de muchas comunidades. La habilidad de los sefardíes para combinar ingredientes simples en platos sabrosos y nutritivos es evidente en la empanada de atún, que ha perdurado a lo largo de los siglos.
La receta de Ruperto de Nola
El cocinero medieval Ruperto de Nola documentó la receta de la empanada de atún en su libro "Llibre de Coch" de 1520, lo que indica la popularidad de este plato en su época. La receta de Nola refleja la influencia sefardí en su uso de ingredientes y técnicas de cocina, mostrando cómo las tradiciones culinarias pueden ser preservadas y transmitidas a través de la escritura.
El atún utilizado en estas empanadas provenía de las almadrabas del sur de la península ibérica, una técnica de pesca que también tiene raíces históricas profundas. Esta conexión con el mar y la pesca tradicional añade una dimensión adicional a la historia de la empanada de atún.
Un plato con historia
Hoy en día, la empanada de atún sigue siendo un plato popular en muchas regiones, apreciado por su sabor y versatilidad. Su historia, que abarca siglos y culturas, la convierte en un símbolo de la rica herencia culinaria de España y de la influencia duradera de la cocina sefardí.
La empanada de atún no solo es un deleite para el paladar, sino también un recordatorio de cómo las tradiciones culinarias pueden cruzar fronteras y unir culturas. Su legado sefardí es un testimonio de la capacidad de la comida para contar historias y preservar la historia.









