Por Fernando Kallas
NUEVA YORK, 17 jul (Reuters) - Argentina y España tenían previsto zanjar sus cuentas en Qatar a principios de este año, en la "Finalísima" entre los campeones de Sudamérica y Europa, antes de que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán obligaran a cancelar el partido. El domingo, en Nueva Jersey, se enfrentarán por fin con algo más que un trofeo simbólico en juego.
La final del Mundial ofrece en el escenario más grandioso del fútbol un enfrentamiento deliciosamente peculiar: Argentina, pura energía, fuego y Lionel Messi, contra España, los campeones de Europa que parecen tratar el caos como un error administrativo y han convertido el control en algo cercano a una forma de arte.
Es Sudamérica contra Europa, pasión
contra precisión, un partido entretejido con curiosas historias personales, desde la banda hasta La Masía, donde el mejor producto de la cantera del Barcelona, Messi, se enfrentará al adolescente Lamine Yamal, el deslumbrante joven heredero de la academia.
Argentina vuelve a la final cuatro años después de su triunfo catártico en Qatar, cuando Messi levantó por fin el trofeo en una victoria trepidante sobre Francia. Por aquel entonces, con Messi a sus 35 años, otra final del Mundial parecía una quimera. Ahora, con 39, sigue desafiando al tiempo, a los defensas y a las probabilidades.
La trayectoria de Argentina no ha sido tanto una defensa del título sin contratiempos como una peregrinación a través del sufrimiento. Con 17 de los 26 integrantes de su plantilla que formaron parte del triunfo de 2022, el equipo de Lionel Scaloni ha llegado a la final por el camino más difícil: venciendo a Cabo Verde en la prórroga y sobreviviendo a enfrentamientos que pusieron a prueba los nervios contra Egipto, Suiza e Inglaterra.
En algunos momentos han jugado como un equipo con el corazón en la punta de las botas, impulsados por los goles, las asistencias y los destellos de magia de Messi. Cada intervención ha añadido una nueva página al interminable debate sobre si él o el brasileño Pelé es el mejor futbolista de la historia.
Si Argentina ha dado la impresión de ser un Rocky Balboa que se tambalea en otro asalto, España ha llegado con el aire de unos profesionales serenos que saben dónde están las salidas.
Invicta en 37 partidos, España puede ganar su segundo Mundial, tras el de 2010, y batir el récord internacional de imbatibilidad establecido por Italia entre 2018 y 2021. Llegó a Norteamérica como favorita de las casas de apuestas tras ganar la Eurocopa y, en general, se ha comportado como un equipo que no ve la presión como un peligro, sino como una cita ya programada.
Su recorrido ha parecido cuidadosamente trazado, como si todo lo anterior a la semifinal formara parte del calentamiento. Bajo la dirección de Luis de la Fuente, que ha entrenado a muchos de los integrantes de la plantilla desde su adolescencia en las categorías inferiores de la selección española, han desarrollado un nivel de compenetración colectiva capaz de hacer que los rivales se sientan atrapados en una habitación bellamente iluminada pero sin puertas. Francia comprende bien esa sensación.
INVENCIÓN DESENFRENADA
El juego de pases y posicional de España puede resultar asfixiante, pero dentro de esa maquinaria también hay una inventiva desenfrenada, y la mayor parte proviene de Lamine.
El extremo, que cautivó a la Eurocopa con tan solo 16 años, ha pasado su corta carrera batiendo récords de edad y superando todas las expectativas. Desde que debutó con el Barcelona a los 15 años, se lo ha comparado con el producto más famoso de La Masía: el hombre al que se enfrentará el domingo.
A Messi y a Lamine también les une una de las imágenes virales más extrañas del fútbol: Messi, cuando era un joven jugador del Barcelona, fotografiado bañando al pequeño Lamine. Lo que en su día pareció una curiosidad pintoresca, ahora parece un presagio escrito por un guionista especialmente juguetón.
Cuando se le preguntó si aquel día el talento de Messi se había transmitido a Lamine, como el toque de Midas, el padre de Lamine respondió: "¿Quién dice que no fue al revés?".
Las conexiones continúan en el banquillo. Scaloni se enfrentará a De la Fuente, quien fue su tutor en el curso de entrenadores de la Federación Española de Fútbol hace casi una década. El alumno se enfrenta ahora al maestro con el Mundial en juego.
Las condiciones del terreno de juego también podrían influir en la final. El campo de Nueva Jersey no ha sido benévolo con los equipos que buscan la posesión, y tanto entrenadores como jugadores se han quejado de su calidad durante el torneo. Eso podría complicar el ritmo de España e invitar a Argentina a ese tipo de partido entrecortado y emotivo que tanto le gusta.
El tiempo puede añadir otro elemento de intriga. Se espera un día caluroso y húmedo, con temperaturas en torno a los 30 grados centígrados (86 grados Fahrenheit), y será solo el segundo partido de España en un estadio al aire libre en este Mundial.
El humo de los incendios forestales de Canadá también ha cubierto partes del Medio Oeste y el Noreste de Estados Unidos con aire tóxico, lo que suscita preocupación ante la presencia prevista de más de 80.000 aficionados en la final.
Para España, la tarea consiste en mantener el partido limpio, controlado y jugado según sus esquemas. Para Argentina, se trata de convertir la incomodidad en espectáculo una vez más.
En el centro de todo ello se encuentra Messi, tratando de garantizar que el que podría ser su último partido en un Mundial no termine como una despedida, sino como un último acto de maestría.
(Reporte de Fernando Kallas. Editado en español por Carlos Calvo Pacheco.)








