Por Julien Pretot
NUEVA YORK, 18 jul (Reuters) - El final del reinado meteórico del seleccionador Didier Deschamps se convirtió en un tormento, ya que Francia sufrió una contundente derrota ante España en la semifinal del Mundial antes de caer por 6-4 ante Inglaterra en un trepidante partido por el tercer puesto.
Esas decepciones, sin embargo, no empañarán su legado.
Francia perdió la final del Mundial de 2022 ante Argentina y ahora ha caído derrotada ante España en tres semifinales consecutivas: en la Eurocopa de 2024, en la Liga de Naciones y en la derrota por 2-0 del martes en el Mundial.
No obstante Deschamps, que asumió el cargo en 2012 cuando el fútbol francés aún estaba marcado por el motín y la humillación sufridos en el Mundial de Sudáfrica
dos años antes, será recordado sobre todo como el seleccionador que llevó a Francia a su segundo título mundial en 2018, dos décadas después de haberla capitaneado hasta su primer título en casa.
Con un récord de 20 victorias en la Copa del Mundo como seleccionador, llevó a Francia a las semifinales mundiales de manera consecutiva, llegando a la final en dos ocasiones, y la consolidó como la potencia más constante del fútbol internacional en los grandes torneos.
La espectacular derrota del sábado ante Inglaterra en el partido por el tercer puesto no eclipsó realmente la despedida del técnico de 57 años, que anunció el año pasado que dejaría el cargo cuando expirara su contrato tras el torneo.
"Este partido no empañará la leyenda de Didier Deschamps", dijo el capitán Kylian Mbappé.
El sucesor de Deschamps, su excompañero en la selección francesa Zinedine Zidane, heredará una plantilla talentosa, pero también el reto habitual de convertir la que quizá sea la cantera más rica de la historia del país en una constante máquina ganadora.
FRANCIA RARAMENTE EXTRAVAGANTE
Los equipos de Deschamps rara vez se asociaban con la extravagancia. A veces se le criticaba por anteponer el equilibrio, la disciplina y la eficacia al espectáculo, incluso cuando contaba con algunos de los jugadores ofensivos con más talento del fútbol mundial.
Pero los resultados justificaron una y otra vez sus métodos.
Llevó a Francia a los cuartos de final del Mundial de 2014, donde cayó por la mínima ante la futura campeona, Alemania, antes de guiar a la selección anfitriona hasta la final de la Eurocopa 2016. La derrota ante Portugal en la prórroga fue dolorosa, pero sentó las bases para proclamarse campeones del mundo en Rusia dos años más tarde.
Francia venció a Croacia por 4-2 en la final de 2018, lo que convirtió a Deschamps en el tercer hombre, tras el brasileño Mario Zagallo y el alemán Franz Beckenbauer, en ganar el Mundial como jugador y como seleccionador.
Añadieron el título de la Liga de Naciones en 2021 y estuvieron a un tiro penal de revalidar el título mundial en Qatar, tras recuperarse de unos terribles primeros 80 minutos para empatar 3-3 con Argentina en uno de los mejores partidos del torneo.
UN GRAN CAPITAL DE CONFIANZA
Esos logros proporcionaron a Deschamps un capital de credibilidad que pocos entrenadores podrían igualar.
Sobrevivió a las repercusiones de la decepcionante campaña de Francia en la Eurocopa 2020, a los recurrentes debates sobre su fútbol cauteloso y al largo y polémico exilio del delantero Karim Benzema.
Su autoridad se mantuvo intacta porque siguió construyendo equipos capaces de llegar lejos en los torneos.
El excentrocampista defensivo ya se había labrado una carrera basada en el éxito mucho antes de ponerse al frente de la selección francesa.
Nacido en Bayona en 1968, debutó en la máxima categoría con el Nantes cuando aún era adolescente, antes de fichar por el Olympique de Marsella, con el que ganó dos títulos de liga y capitaneó al primer club francés en alzarse con la Liga de Campeones en 1993.
En 1994 fichó por la Juventus. En Turín, Deschamps ganó tres títulos de la Serie A y otra Liga de Campeones, consolidándose como el discreto organizador en el corazón de uno de los equipos dominantes de Europa.
Eric Cantona lo describió en una ocasión, con tono despectivo, como un simple "aguador", pero esa etiqueta acabó captando las cualidades que definían a Deschamps: disciplina, inteligencia, altruismo y una comprensión instintiva de lo que necesitaban los equipos ganadores.
Disputó 103 partidos con la selección y capitaneó al equipo que se alzó con la Copa del Mundo en el Stade de France en 1998 antes de completar un histórico doblete en la Eurocopa 2000.
El éxito lo acompañó también en su etapa como entrenador.
Deschamps llevó al AS Mónaco a la final de la Liga de Campeones de 2004, guió a la Juventus de vuelta a la Serie A inmediatamente tras su descenso a raíz del escándalo del Calciopoli y puso fin en 2010 a los 18 años de espera del Marsella por un título de liga francés.
Cuando sucedió a su antiguo compañero de la selección francesa Laurent Blanc en julio de 2012, la selección nacional aún intentaba reconstruir su reputación tras la huelga de los jugadores en el Mundial de 2010 en Sudáfrica.
ORDEN, CONFIANZA, ÉXITO
Deschamps restableció primero el orden, después la confianza y, poco después, el éxito.
Sus detractores argumentaban que la cantera de talento de Francia exigía un fútbol más expansivo. Su respuesta solía ser la misma: los torneos se ganaban gracias a la adaptabilidad, la solidez defensiva y la aceptación de que el estilo importaba menos que la supervivencia.
Durante más de una década, fue difícil rebatir ese argumento.
No obstante, la forma en que se produjo la derrota del martes será un trago amargo. Francia llegaba como favorita después de que su potencia ofensiva la llevó hasta allí, pero España la superó técnica, táctica y físicamente.
Deschamps admitió que su equipo tuvo que haber dado lo máximo para competir y que se quedó muy por debajo.
Francia fue incapaz de imponer su fuerza, su famoso ataque quedó neutralizado y su centro del campo se vio desbordado: un sombrío capítulo final para un seleccionador cuyos equipos solían encontrar la manera de salir adelante, incluso cuando jugaban mal.
"No quiero tirar por la borda todo lo que hemos hecho. Pero en este partido España demostró que tenía algo más", dijo Deschamps tras la derrota.
Fue una valoración acertadamente mesurada por parte de un hombre que rara vez permitía que el triunfo o el desastre alteraran su actitud pública.
Deschamps se marcha sin la gloriosa despedida que tanto anheló, pero con un palmarés que lo sitúa a la altura de las figuras más influyentes de la historia del deporte francés.
Levantó la Copa del Mundo como capitán, la volvió a enarbolar como seleccionador y pasó 14 años asegurándose de que Francia estuviera casi siempre presente cuando se decidían los mayores premios de este deporte.
Las dolorosas noches en Dallas y Miami no pueden borrar eso.
(Reporte de Julien Pretot. Editado en español por Carlos Calvo Pacheco)








